martes, 4 de mayo de 2010

Volver a amar

Recuerdo cuando sufría intensamente por el amor que se fue, sí, sufría y me quedaba en el sufrimiento, como la víctima de un "otro".

Pasó un tiempo para aprender que uno sólo sufre cuando pelea con el dolor, cuando se resiste a él, cuando no lo quiere y trata de expulsarlo, negarlo, disfrazarlo, echarlo en un rinción y amordazarlo. Qué duro fue aprender que sólo hay que tomar nuestro dolor y acariciarlo, vivirlo, atravesarlo con paciencia, amándonos mucho...así pasa más rápido, es parte de la vida.

Pasar de la angustia a la calma, a la confianza, implica asumir la responsabilidad de la propia vida, la responsabilidad de cada quien con su felicidad. Ya no podemos pensar, ante cada dolor, ante cada pérdida, que lo que me pasó es culpa de mis padres porque no me amaron lo suficiente o me amaron demasiado y no me pusieron reglas, porque fueron indiferentes o me abandonaron...ellos hicieron lo mejor que pudieron, sólo podían darnos lo que ellos recibieron, nada más. Tampoco tiene culpa la sociedad, la clase social, la educación, la familia, etc...son variables, por tanto, "pueden variar", repito "pueden", uno es quien moviliza la fuerza para que las variaciones sean intensas o leves, sólo con un gran ideal se puede controlar los efectos. Tú debes tener un gran ideal para ganar más confianza y no dejarte atrapar por la angustia.

No te cierres, sana (busca ayuda si no puedes solo, no temas, somos muchos) y luego, prepárate para volver a amar...Es un camino cuya distancia depende mucho de ti, será más largo si no te esfuerzas en dejar los resentimientos y culpas, si no perdonas (de este tema hablaré en próxima entrada).

Cuando te sientes listo, buscas la famosa "puerta dorada" y, al pasar los días, empiezas a desesperarte. Entonces, pasa tal como nos lo describe Silvia Salinas (excelente maestra que encuentras en http://www.silviasalinas.com.ar/):

...La vida nos muestra muchos paisajes y por más añoranzas que tengamos de “la puerta dorada” si no alcanzamos a ver los caminos que, mientras tanto, se nos ofrecen, el tránsito se vuelve angustiante, es como si interrumpiéramos nuestro vivir. A veces nos desespera no saber cuanto durará este tramo de la vida porque no hay manera de saberlo de antemano. Sólo podemos sostenernos en base a la confianza, pero no en base una confianza superficial, creyendo que el amor llegará porque nos lo anuncie una bruja para tal fecha o porque tal fórmula es infalible. La confianza es algo que se cultiva amorosamente, viviendo cada día a partir de lo que tenemos en el instante, sincronizando con el pulso de la vida y no aislándonos de ella. Estar solos llega a ser doloroso por momentos, pero el contacto con el dolor, si no nos victimizamos, puede ser curativo, puede hacer crecer nuestra apreciación por cada detalle de nuestro vivir, nos predispone para entender el dolor ajeno, cualquiera sea, y a la vez nos conecta con nuestra capacidad de dar y de ayudar.

Hay mucho que hacer mientras llega el amor. No se trata, como dijimos, de negar la tristeza, sino de no quedar pegados a ella, buscar alimentarnos para crecer por dentro y abrir nuestro corazón. Todos tenemos heridas internas que necesitamos conocer y curar para prepararnos para el amor.

Cada cual debe encontrar el camino de preparación que mas le satisfaga, quizás le siente bien integrarse a un grupo de terapia, quizás meditar o hacer yoga, trabajar ayudando a los demás, dedicarse a su trabajo por la satisfacción misma de hacerlo bien… No importa cual sea la manera, basta que sea algo que no nos aísle, al contrario, lo que sirve es aquello que nos conecta con la vida. Es absolutamente necesario aprender qué nos alimenta. ¿Cómo hemos de lograr una pareja nutricia, si nosotros mismos no estamos verdaderamente seguros de qué es aquello que nos nutre, aquello que calma nuestra inquietud y nos da paz?

De esta manera el viaje no tiene porqué ser dentro de un oscuro túnel con un propósito único, sino una posibilidad de crecer e inclusive de entrar en contacto con el placer. No es un tránsito parejo, no tenemos que exigirnos estar bien todo el tiempo, hay momentos de calma y disfrute y momentos donde nuestro ánimo decae. Es así. Debemos abstenernos de reprocharnos o enjuiciarnos, uno va por la vida como puede, siguiendo los caminos que ella misma nos propone. No siempre coincide con lo que queremos, pero siempre tenemos la posibilidad de decir “Qué es lo mejor que puedo hacer con esto que pasa”.

* el resaltado es mío.

Ahora, escuchemos a Alejandra Guzmán, que decidió Volver a Amar:


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