martes, 30 de noviembre de 2010

Enamorarse y Amar... seguimos

"Cuando amamos, vemos más allá de lo que se ve, en el amor los canónes estéticos pierden valor"

Enamorarse es amar las coincidencias, y amar, implica enamorarse de las diferencias. Esto quiere decir que cuando uno está enamorado proyecta su propia imagen y elabora su "hombre o mujer ideal "(porque se parece a él o ella). Entonces el enamoramiento no llega a ser un sentimiento compartido pues no hay con quién compartir, salvo la propia imagen de uno mismo. Experimentamos locura súbita y exaltación inevitables. El amor, en cambio es algo procesado, difícil, pensado, más duradero y menos turbulento (J. Bucay). Siempre hay que trabajar duro para sostenerlo.

Cuando uno se enamora desborda pasión, tiene impulsos intensos, súbitos, placenteros. Al despertar del sueño pasional, es como si a uno le hubieran quitado vendas de los ojos y ve por primera vez las diferencias y lo que no le agrada del otro. Como antes el otro se parecía a nosotros era difícil discutir, pero lo era ambién reconocer su verdadera existencia. Recién ahora uno se descubre acompañado. Corresponde buscar las diferencias e intentar unirse a través de ellas, no como antes cuando solo nos unían las semajanzas. Claro, solo uno sabe cuándo en realidad se produce el encuentro de las almas.

Welwood dice que el amor verdadero existe cuando amamos por lo que sabemos que esa persona puede llegar a ser y no solo por lo que es. Por eso, si la pareja está formada o por formarse, lo ideal parece ser el aprender a andar del enamoramiento al amor una y otra vez, con paciencia y creatividad, pero sobre todo, con fe. 

Llegar al amor verdadero es el trabajo de toda una vida, te puedes cansar pero definitivamente vale la pena cansarse para descubrir la fuente inagotable de amor que está dentro de ti y compartir esa felicidad con otro que ha logrado descubrir lo mismo.


lunes, 1 de noviembre de 2010

Enamorarse y Amar... dos cosas distintas

Seguimos con el tema que iniciamos entradas atrás. Apoyándonos en los escritos de Jorge Bucay y Silvia Salinas (Amarse con los ojos abiertos) iremos construyendo las ideas-fuerza en torno al enamoramiento y el amor.

Tal vez cuando ligamos la felicidad con la expectativa por el vínculo de pareja, ocurre que estamos dejándonos llevar por el enamoramiento y sus efectos de ilusión. Efectivamente, cuando el encuentro es pasional, desbordante, incontenible e irracional, estamos enamorados, por lo cual casi todo el tiempo sólo pensamos en  la persona de quien nos enamoramos y en la alegría de lo que estamos viviendo.

De todos modos, este estado no es prolongado, sino todo lo contrario, no obstante, se inscribe como un recuerdo que sostiene una relación y que es posible recrear cada cierto tiempo.

Con el transcurrir del tiempo, en unos meses, nos invade la realidad y es entonces que pueden ocurrir dos cosas: o todo termina allí o, se empieza la construcción de un nuevo camino juntos, de a dos.

Cuando uno se enamora en realidad no ve al otro, sino que  el otro es como una pantalla en la que se ve reflejado, es decir, observa el propio reflejo, con sus aspectos idealizados.

Los sentimientos, a diferencia de las pasiones, son más duraderos y están anaclados a la percepción de la realidad externa. Por eso, cuando la construcción del amor empieza  se puede ver al otro, descubrir al otro. Es precisamente en ese momento en que el amor reemplaza al enamoramiento.

Después de haber atravesado el momento inicial del enamoramiento, comienzan a salir a luz las peores partes de uno, los mismos que también proyectamos en la pareja. Es por tal motivo que amar a alguien es un gran desafío, el que busca deshacer aquellas proyecciones para relacionarnos verdaderamente con el otro. Este proceso no es nada sencillo, pero es una de las cosas más hermosas que ocurren o que ayudamos a que ocurran.

Entonces, cuando hablamos del amor estamos entendiendo que nos importa el bienestar del otro. Nada más y nada menos. El amor, como el bienestar, nos invade el cuerpo y el alma y se afianza cuando puedo ver al otro sin querer cambiarlo.

Antes que importar la manera de ser del otro, importa el bienestar que  se  siente a su lado,  asimismo, su bienestar al lado nuestro. 

El placer de estar con alguien que se ocupa de que uno esté bien, que percibe lo que necesitamos y disfruta al dárnoslo, eso hace el amor.

http://www.youtube.com/watch?v=4N1iwQxiHrs