lunes, 1 de noviembre de 2010

Enamorarse y Amar... dos cosas distintas

Seguimos con el tema que iniciamos entradas atrás. Apoyándonos en los escritos de Jorge Bucay y Silvia Salinas (Amarse con los ojos abiertos) iremos construyendo las ideas-fuerza en torno al enamoramiento y el amor.

Tal vez cuando ligamos la felicidad con la expectativa por el vínculo de pareja, ocurre que estamos dejándonos llevar por el enamoramiento y sus efectos de ilusión. Efectivamente, cuando el encuentro es pasional, desbordante, incontenible e irracional, estamos enamorados, por lo cual casi todo el tiempo sólo pensamos en  la persona de quien nos enamoramos y en la alegría de lo que estamos viviendo.

De todos modos, este estado no es prolongado, sino todo lo contrario, no obstante, se inscribe como un recuerdo que sostiene una relación y que es posible recrear cada cierto tiempo.

Con el transcurrir del tiempo, en unos meses, nos invade la realidad y es entonces que pueden ocurrir dos cosas: o todo termina allí o, se empieza la construcción de un nuevo camino juntos, de a dos.

Cuando uno se enamora en realidad no ve al otro, sino que  el otro es como una pantalla en la que se ve reflejado, es decir, observa el propio reflejo, con sus aspectos idealizados.

Los sentimientos, a diferencia de las pasiones, son más duraderos y están anaclados a la percepción de la realidad externa. Por eso, cuando la construcción del amor empieza  se puede ver al otro, descubrir al otro. Es precisamente en ese momento en que el amor reemplaza al enamoramiento.

Después de haber atravesado el momento inicial del enamoramiento, comienzan a salir a luz las peores partes de uno, los mismos que también proyectamos en la pareja. Es por tal motivo que amar a alguien es un gran desafío, el que busca deshacer aquellas proyecciones para relacionarnos verdaderamente con el otro. Este proceso no es nada sencillo, pero es una de las cosas más hermosas que ocurren o que ayudamos a que ocurran.

Entonces, cuando hablamos del amor estamos entendiendo que nos importa el bienestar del otro. Nada más y nada menos. El amor, como el bienestar, nos invade el cuerpo y el alma y se afianza cuando puedo ver al otro sin querer cambiarlo.

Antes que importar la manera de ser del otro, importa el bienestar que  se  siente a su lado,  asimismo, su bienestar al lado nuestro. 

El placer de estar con alguien que se ocupa de que uno esté bien, que percibe lo que necesitamos y disfruta al dárnoslo, eso hace el amor.

http://www.youtube.com/watch?v=4N1iwQxiHrs

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