domingo, 13 de mayo de 2012

Amor de madre

La entrada anterior fue un homenaje a las madres biológicas y que cumplen amorosamente su rol continuando, además, con sus otros roles y manteniendo su esencia femenina.

Esta vez quiero expresar mi profundo respeto, cariño y admiración a todos aquellos hombres y mujeres que ejercen el rol de madres sin serlo biológicamente. Su entrega y servicio a la causa de forjar de amor y seguridad a "sus hijos e hijas", es una muestra de su grandeza de espíritu y de una firme entrega que los eleva como seres humanos.

El amor de madre es condescendiente, cálido, tierno, benevolente...junto al amor de padre, favorece el mejor desarrollo de los hijos, es un perfecto cruzamiento. 

Para las personas que, como yo, muchas veces ejercemos ambas funciones (de padre y de madre), mis mejores deseos, vibras y oraciones, que Dios los fortalezca inmensamente y, les  brinde múltiples oportunidades para recibir el mismo amor que dan!

Feliz amor en su día!

miércoles, 9 de mayo de 2012

Madre: ámate a ti misma


Estando próxima la celebración por el día de las madres, propongo reflexionar sobre el amor que nos damos a nosotras mismas antes que volver al discurso sobre las formas que tenemos las mujeres-madres de amar a los demás.

Sobre todo las mujeres que tenemos entre 30 y 40 años – y, algunas herederas - hemos sido educadas para dar lo mejor a los demás, para  pensar en los otros antes que en nosotras. Y, como no siempre lo hemos hecho así, como los demás nos lo piden, muchas veces nos la pasamos sintiéndonos culpables de no ser “las madres y mujeres perfectas”.

Lo cierto es que olvidamos que la persona más importante de nuestra vida somos cada una de nosotras. Sin aceptarnos, sin aprobarnos, sin amarnos incondicionalmente, no podremos amar (revisen bien esta palabra: AMAR) a otros, a otras. Este es el punto crucial de la autoestima.

La autoestima surge de la valoración personal, desde lo físico hasta lo mental y espiritual. Si reconozco mi cuerpo físico como valioso así como es, único e irrepetible, con sus marcas o “heridas de guerra” como las llama Clarissa Pinkola (destacada psiquiatra y promotora de mujeres), entonces, podré valorar realmente mi manera de ser, de sentir, de vivir. 

Esto no significa regodearnos de todo lo que tal vez es nocivo o negativo para nuestra personalidad, pues estamos en la vida para ir perfeccionándonos (si queremos); sino de reconocernos con virtudes y defectos y aceptarnos aún con estos últimos, simple y honrosamente, por ser quienes somos: nosotras...por ser quén eres: tú.

Vygotsky, estudioso de temas psicológicos y educativos, expresaba la trascendencia del rol de la madre como referente cognitivo y afectivo del ser humano. Esta información no la comparto para sentirnos con “más culpas y demandas” sino, para querernos y valorarnos más y, de esa manera, darnos el mejor regalo - amarnos - y dejar la mejor herencia a nuestra descendencia: saber amarse y amar con  plenitud.

¡Feliz día, cada día!

martes, 1 de mayo de 2012

Sanar emociones

¿Cómo sabemos que estamos heridos?
Caada uno de nosotros tiene la respuesta. ¿Cómo te estás sintiendo ahora?

En realidad, nuestras heridas se forman en la infancia, con nuestros padres y otros adultos que nos rodean. La mayoría de nosotros formamos ideas sobre quiénes somos y adquirimos reglas rígidas sobre cómo debemos vivir la vida. 

Lo que ahora vivimos es, justamente, lo que aprendimos  a pensar sobre nosotros. Si vivimos junto a personas tristes, culpables, asustadas y coléricas, seguro aprendimos muchas cosas negativas sobre nosotros y los demás. Formamos creencias negativas que sólo nos llevaron y, nos siguen llevando, a una vida de frustración. Precisamente, vamos creyendo cosas que nos sirven para recrear el ambiente emocional de nuestro hogar cuando fuimos niños. Esta situación no es mala ni buena, simplemente, se trata de lo que entendemos que es un "hogar". Además, tendemos a recrear el tipo de relación que teníamos con nuestros padres o que ellos tenían entre sí. Hoy en día, nos tratamos a nosotros mismos, como nos trataban nuestros padres y otros adultos cercanos. Nos regañamos y castigamos de modo muy parecido; y, nos amamos y animamos de la misma forma (siempre y cuando nos hayan amado y animado).

Podemos recordar, por ejemplo:

- No sabes hacer nada bien...
¿Cuántas veces nos hemos dicho eso a nosotros mismos?

- Eres maravilloso/a, te amo...
¿Cuántas veces nos decimos estas palabras?

En estos momentos, seguramente, nos viene la idea de culpar a nuestros padres. Pero... ¿Qué recibieron ellos de su infancia? ¿Cómo fueron tratados por sus padres? ¿Cómo se trataron nuestros abuelos? 
En realidad, nuestros padres estaban tan asustados y temerosos como nosotros. Algo más, tal como dice Louise Hay: "creo que escogemos a nuestros padres" porque eran perfectos para el trabajo de superación que queríamos hacer al nacer en esta vida.

Aprendemos sistemas de creencias y vamos creando nuestra vida en base a ellas. Si recordamos nuestras vivencias nos daremos cuenta que vivimos crando experiencias que sean acordes a nuestras creencias. Fijémonos cuántas veces hemos vivido la misma experiencia porque recreaba la creencia que teníamos sobre nosotros mismos. Al final de cuentas, no interesa por cuánto tiempo hemos tenido un problema ni cuán grande sea, todo eso lo hemos creado nosotros debido a los pensamientos y creencias del pasado.

Felizmente, como se trata de ideas y de pasado, todo eso ya ocurrió y lo que importa de ahora en adelante, es lo que decidamos pensar y decir ya sobre nosotros y nuestra vida, puesto que eso creará nuestro futuro. Sea cual sea el problema, nuestras experiencias son efectos externos de nuestros pensamientos; y, felizmente, las ideas se pueden cambiar. El pasado dejará de tener poder sobre nosotros sin importar cuánto tiempo hayamos seguido una pauta negativa. El momento de poder es el presente, ¡ahora mismo!

Dejemos el resentimiento, las críticas, la culpa y el miedo, pues son las cosas que causan mayores problemas a nuestro cuerpo y nuestra vida. Seamos responsables de todo lo que nos ocurre en la vida.

Referencia: Hay, Louise (1989) Usted puede sanar su vida.






En abril, tuve momentos muy alegres con música y amigos; y, también profundas penas. Me tocó revisar mis creencias negativas sobre el amor hacia mí misma, sobre el amor que doy y el que merezco recibir. Hoy empieza un nuevo día, un nuevo mes, una nueva vida!