martes, 1 de mayo de 2012

Sanar emociones

¿Cómo sabemos que estamos heridos?
Caada uno de nosotros tiene la respuesta. ¿Cómo te estás sintiendo ahora?

En realidad, nuestras heridas se forman en la infancia, con nuestros padres y otros adultos que nos rodean. La mayoría de nosotros formamos ideas sobre quiénes somos y adquirimos reglas rígidas sobre cómo debemos vivir la vida. 

Lo que ahora vivimos es, justamente, lo que aprendimos  a pensar sobre nosotros. Si vivimos junto a personas tristes, culpables, asustadas y coléricas, seguro aprendimos muchas cosas negativas sobre nosotros y los demás. Formamos creencias negativas que sólo nos llevaron y, nos siguen llevando, a una vida de frustración. Precisamente, vamos creyendo cosas que nos sirven para recrear el ambiente emocional de nuestro hogar cuando fuimos niños. Esta situación no es mala ni buena, simplemente, se trata de lo que entendemos que es un "hogar". Además, tendemos a recrear el tipo de relación que teníamos con nuestros padres o que ellos tenían entre sí. Hoy en día, nos tratamos a nosotros mismos, como nos trataban nuestros padres y otros adultos cercanos. Nos regañamos y castigamos de modo muy parecido; y, nos amamos y animamos de la misma forma (siempre y cuando nos hayan amado y animado).

Podemos recordar, por ejemplo:

- No sabes hacer nada bien...
¿Cuántas veces nos hemos dicho eso a nosotros mismos?

- Eres maravilloso/a, te amo...
¿Cuántas veces nos decimos estas palabras?

En estos momentos, seguramente, nos viene la idea de culpar a nuestros padres. Pero... ¿Qué recibieron ellos de su infancia? ¿Cómo fueron tratados por sus padres? ¿Cómo se trataron nuestros abuelos? 
En realidad, nuestros padres estaban tan asustados y temerosos como nosotros. Algo más, tal como dice Louise Hay: "creo que escogemos a nuestros padres" porque eran perfectos para el trabajo de superación que queríamos hacer al nacer en esta vida.

Aprendemos sistemas de creencias y vamos creando nuestra vida en base a ellas. Si recordamos nuestras vivencias nos daremos cuenta que vivimos crando experiencias que sean acordes a nuestras creencias. Fijémonos cuántas veces hemos vivido la misma experiencia porque recreaba la creencia que teníamos sobre nosotros mismos. Al final de cuentas, no interesa por cuánto tiempo hemos tenido un problema ni cuán grande sea, todo eso lo hemos creado nosotros debido a los pensamientos y creencias del pasado.

Felizmente, como se trata de ideas y de pasado, todo eso ya ocurrió y lo que importa de ahora en adelante, es lo que decidamos pensar y decir ya sobre nosotros y nuestra vida, puesto que eso creará nuestro futuro. Sea cual sea el problema, nuestras experiencias son efectos externos de nuestros pensamientos; y, felizmente, las ideas se pueden cambiar. El pasado dejará de tener poder sobre nosotros sin importar cuánto tiempo hayamos seguido una pauta negativa. El momento de poder es el presente, ¡ahora mismo!

Dejemos el resentimiento, las críticas, la culpa y el miedo, pues son las cosas que causan mayores problemas a nuestro cuerpo y nuestra vida. Seamos responsables de todo lo que nos ocurre en la vida.

Referencia: Hay, Louise (1989) Usted puede sanar su vida.






En abril, tuve momentos muy alegres con música y amigos; y, también profundas penas. Me tocó revisar mis creencias negativas sobre el amor hacia mí misma, sobre el amor que doy y el que merezco recibir. Hoy empieza un nuevo día, un nuevo mes, una nueva vida!


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