lunes, 3 de marzo de 2014

Lo tenemos todo

Ha pasado Febrero, el mes del amor...qué raro me suena eso, pues hemos venido a este mundo a aprender el amor y sólo parecemos remarcarlo en algunas "fechas especiales". 

Fue un mes lleno de amor, efectivamente;un mes en el que aprendí a amarme más. 

Había planificado tomar vacaciones, pues hace muchos años no lo hacía. Sin embargo, empezaron a presentarse dificultades y trabas. Me esforcé en trabajar duro para poder tener, después, esos días "libres". De pronto, se hacía más difícil y tuve que recurrir a un préstamo. Yo estaba decidida a tener esos días con mis hijos, fuera de la ciudad, pase lo que pase.

Finalmente, logré el objetivo y pude pasar unos días increíbles de compartir, de saborear cosas sencillas pero hermosas, como subirnos a toboganes y columpios incansablemente; ver animales y plantas en zonas naturales; tirarnos en la cama a ver televisión (yo no hago esto casi nunca). Pudimos contemplar el mar, sentir la brisa y gozar del sol mientras hacíamos castillos de arena. Todo era perfecto.

De pronto, empecé a recibir mensajes que me movieron las emociones, se trataba de una persona de la que me había distanciado hace tiempo. No respondí, no he respondido hasta hoy, pues se trataba de poemas y no de mensajes directos (ya contestaré en su momento). Sin embargo, desde entonces, me puse a mirar más mi interior y a reconocer mis reacciones y sentires. 

Ya de regreso a mi ciudad, las cosas a mi alrededor parecían entrar en una etapa de pulimiento. Mi salud, mis finanzas, mis proyectos, pero sobre todo mi estado anímico estaban afectados por una especie de sombra.

El dolor físico y emocional eran cada vez más intensos y,  debía tener listo un proyecto de magnitud en dos días. En medio de la confusión, recordé una enseñanza espiritual: "Pase lo que pase, sonríe y vuelve a ser radiante". Así, decidí sobreponerme y emanar buena vibración. Después, fui a reunirme con amigos muy queridos y disfrutamos de gratos momentos de juegos, música y risas. 

Al día siguiente, los dolores parecían querer quedarse pero, nuevamente, mi espíritu buscaba el mensaje aleccionador que, finalmente, llegó para calmarme: "Todo lo que te pasa es para que de una vez por todas te des cuenta de que lo tienes todo...y que debes dejar de pensar que nada es suficiente". Fue como un baldazo de agua fría, pero me volvió a mí, a mi proyecto, a mi propia esencia y luz. Entonces, volví a la gratitud y gozo.

Terminé todo y bien hecho, en un tiempo récord. Se trataba de un trabajo para más de una persona por dos semanas. Ya había investigado y recopilado información, pero me faltaba armar el paquete de documentos. Al concluir y ver el resultado, me sentí inmensamente satisfecha, no sólo por la riqueza del aprendizaje y lo interesante y valioso del tema (Educación para la ciudadanía global), sino, porque me di cuenta de que significó volver a tomar conciencia del amor por mí y mi trabajo. 

Pude reconocer lo que he aprendido sobre mis profesiones en todos estos años de estudios y experiencias; mis habilidades, talentos y virtudes; y, la misión que tengo en esta vida: Amarme y amar a los demás a través de mis dones. Sólo amándonos y amando, podremos contribuir en la formación de una nueva civilización de personas plenamente felices.

Lo tenemos todo!


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