domingo, 22 de marzo de 2015

Vivir y dejar vivir la propia experiencia

Las experiencias más intensas en nuestras vidas son aquellas que vivimos en nuestras relaciones interpersonales, sobre todo, en las relaciones que establecemos cuando estamos en pareja. Es en este tipo de relación, se puede apreciar aspectos muy íntimos que tal vez no se logran conocer en otras y, es por eso mismo, que si bien nos aportan mayores elementos para el autoconocimiento, también es cierto que nos afectan considerablemente. Pero, hay algo que afecta del mismo modo o más. Nos referimos a la situación en la que terceras personas atacan una relación (de adultos), recurriendo a la amenaza o chantaje emocional o de otro tipo.

Cada persona vive un proceso personal de vida que es único e irrepetible. Cada quien sale al continuo aprendizaje del día a día con sus talentos y todo su ser.  Avanza, se detiene, observa y se enfrenta a una serie de obstáculos, usa referentes de apoyo y continúa su camino. Todos y cada uno libramos un emprendimiento diario para proseguir evolucionando. Pero, lamentablemente, algunos todavía no han despertado a esta conciencia y actúan con prejuicio y fanatismo condenando relaciones de pareja que consideran "inapropiadas" o "pecaminosas" por diversos factores.

Nos hace falta reconocer nuestra bondad básica para dejar de actuar de modos patológicos y autodestructivos. La humanidad es aún como un niño que requiere sanar y reconocer que su naturaleza es bella. Todas las cosas de las que nos avergonzamos, los llamados "pecados mortales" son como fieras de papel. Debajo de ellas, están niños tristes, solos y desconectados del amor.

Tratando de probar nuestra valía o de esconder nuestros defectos no podremos estar seguros de que merecemos ser  amados. Por eso, necesitamos descubrir nuestra naturaleza intrínsecamente hermosa. Esto, como dice John Welwood en "Amor perfecto, relaciones imperfectas", es lo que nos puede liberar de toda esa tontería del yo-malo y el otro-malo.

El paso del odio a sí mismo hacia el amor a sí mismo consiste en aprender a conocer, aceptar, abrirnos a ser lo que somos. Esto empieza por vivir la propia experiencia y, tal como corresponde, dejar vivir la propia experiencia del otro.







sábado, 14 de febrero de 2015

Amor

¿Qué es el amor? ¿Qué es amar?

El amor es nuestra esencia, es nuestro ser, nuestra conciencia pura (Yo soy). Amor es amarse a sí mismos y, desde ese amor, amar a los otros. Amar es vivir esa comprensión y fe, admirando. No tiene que ver con sufrir, con sacrificios, con historias, con intenciones o juicios; no tiene que ver con apegos ni adicciones. 

¿Por qué hablar de "amor verdadero"? El amor siempre es verdadero, sino no es amor. El amor es uno solo, es el mismo amor que doy de distintas maneras según el tipo de vínculo, el mismo amor que manifiesto con distinta intensidad y ritos, con distinto grado de conciencia de mi ser.

Hemos sido condicionados por muchos años para pensar que estamos incompletos, que necesitamos, que nos falta algo. Y, entonces, surge el miedo, el verdadero opuesto al amor. O surge la carencia, el deseo obsesivo de una forma, una relación, un estado emocional. En realidad, nada ni nadie puede herirnos, sólo nuestros pensamientos y nuestra falta de presencia. Pues, aún en los momentos más dolorosos, si tomamos la decisión de aceptarlos, observarlos y contemplarnos a nosotros mismos en esa vivencia sin poner resistencia, lograremos darnos cuenta de que la felicidad, el amor, todo lo bueno que buscamos "afuera", está dentro de nosotros mismos.


Amor de pareja

Aprendemos a relacionarnos amorosamente según nuestros primeros modelos parentales. Fuera de la familia, aprendemos a amar a compañeros y amigos y, después a nuestra pareja. Muchas veces, ingresamos a la pareja sin ser conscientes de la grandeza de nuestro propio amor. Continuando historias del pasado y patrones de miedo o carencia, elegimos parejas  en donde se enamoran  dos egos.

De allí que sea transcendental aprender a amarnos, pues eso influirá en el tipo de relaciones amorosas que atraigamos a nuestra vida. Pero, atención, no hay que lamentarse por aquellas relaciones que "nos dolieron", pues de todas podemos sacar una hermosa lección dejando de lado la culpa y el resentimiento. Las relaciones de pareja existen para aprender, no para hacernos felices. El ser feliz es tu marca de nacimiento y, si aún no lograste ese nivel de conciencia, recuerda que es sólo responsabilidad tuya y de nadie más. Esta comprensión te hace libre, te da poder para vivir en el gozo, dejando de verte como víctima. Un ser creado por Dios, la Fuente, la naturaleza o como quieras llamarlo, es quien elije reconocerse como pleno amor, esa es su felicidad.

Somos amor, somos felicidad, más allá de los estados emocionales, de las formas u objetos, más allá de las relaciones. El ser consciente del amor propio nos vuelve más reflexivos respecto a lo que pensamos y sentimos.

Por último, eres libre de elegir tus creencias y tomar las mejores decisiones para tu vida, pero, siempre confiando en ti; hacer lo contrario es alejarse del amor y de la vida maravillosa que nos regala siempre oportunidades para SER.

Con amor propio, les entrego este regalo de amor.